La diabetes en la historia (III): la edad contemporánea

Terminamos el repaso a la historia de los descubrimientos médicos relacionados con la diabetes. Si en anteriores artículos hemos hablado de la antigüedad o de la edad media, hoy le llega el turno a los primeros descubrimientos de la edad contemporánea.

Una era que comienza con lo que muchos consideran el nacimiento de la diabetología moderna. Su padre, el farmacéutico francés Apollinaire Bouchardat. Este clínico volvía a señalar la obesidad y la vida sedentaria como causas de la diabetes, y era el primero en restringir el consumo de azúcar y glucosa. Recomendaba una dieta baja en calorías y carbohidratos, además de ejercicio. E incluso ideaba una prueba en la que medía los cambios en la intensidad de la diabetes probando la orina.

Otro francés, el fisiólogo Claude Bernard detecta que el azúcar de la orina de las personas con diabetes ha pasado por el hígado como glucógeno, además de estudiar al papel del sistema nervioso en el control de las glucemias.

En plena época de vivisección de animales, el alemán Paul Langerhans descubre en 1869 unos islotes en los páncreas de los monos, que se diferenciaban del resto del órgano. En ese momento desconoce su función, y no sería hasta mucho después cuando se sabría que los islotes de Langerhans son los que fabrican la insulina de nuestro cuerpo.

Pero antes de llegar a ese punto, se estableció la relación entre la diabetes y el páncreas. La fijaron en 1889 los fisiólogos de la Universidad de Estrasburgo Joseph Von Mering y Oscar Minkowsky,que extirparon el páncreas a varios animales, detectando que eso producía una gran sed y ganas de orinar a los mismos. Una orina que atraía a las moscas por su dulzor.

A punto de terminar el siglo XIX, el fisólogo belga Jen de Meyer teoriza sobre los islotes de Langerhans. Dice que cumplen una función exocrina, y que crean una sustancia llamada insulina (del latín “insulia”, que significa “isla”) que controla los niveles de glucosa de nuestro cuerpo. Una teoría que se confirmaría dos décadas después.

Antes, en 1914, el doctor Allen, descubre, experimentando con perros, que la persona con diabetes empeora si come mucho y mejora cuando se le somete a ayuno casi total. Alimentaba a sus enfermos prácticamente con líquidos, comenzando a incluir otros alimentos si el enfermo mejoraba. Dietas difíciles de seguir, que a veces acababan en muerte por inanición.

Por suerte para los pacientes de Allen, la insulina estaba a punto de descubrirse. El primer paso lo da el alemán Georg Zuleger quién obtiene una serie de extractos pancreáticos que eran capaces de reducir los síntomas de diabetes en un perro al que había extirpado el páncreas. Zuelger patentó su extracto ("Acomatol"). Sin embargo, este primer líquido tenía graves efectos tóxicos que le hicieron desistir en su investigación.

Y es en 1921 Frederick G. Bantin y su ayudante Charles H. Best realizan el descubrimiento más importante hasta la fecha: la insulina. Aíslan los islotes del páncreas de un mono, y los exprimen, obteniendo la primera versión de la insulina (a la que se comenzó llamando “isletín”). Con este líquido comprueban que pueden mantener con vida varias semanas (hasta que se acaba el extracto) a la perrita Marjorie, a la que habían extirpado el páncreas.

Unos meses después, el 11 de enero de 1922, se inyecta por primera vez insulina a una persona: Leonard Thompson, un jóven de 14 años que pesaba solamente 29 kilos. El joven viviría 13 años más.

Bantin y Best  venden su descubrimiento a la Universidad de Toronto por el precio simbólico de un dólar, para que pueda distribuirse en todo el mundo de una forma inmediata.

El nuevo descubrimiento no tarda en extenderse, y su generoso gesto para salvar vidas les valió el Premio Nobel de Medicina en 1923.

En España, el doctor Rossend Carrasco crea en 1922 su propia insulina, sacada de los páncreas de los cerdos del Matadero de Barcelona. Con ella cura a Francisco Pons, de 20 años, la primera persona de Europa en probar la insulina. Pero las impurezas del producto causaba diversas reacciones, además de tener una potencia que provocaba hipoglucemias, por que su uso no prosperó.

En 1954 Frederick Sanger y sus colaboradores de la Universidad de Cambridge encuentran la estructura molecular de la insulina, lo que facilita su producción.

Por supuesto, la investigación no termina, y a los descubrimientos más modernos (test de glucemias, aparatos de medición contínua…) esperamos que podamos ir sumando más y más mejoras que hagan cada día más sencilla la vida a las personas con diabetes.
¡Quien sabe, a lo mejor dentro de una década escribimos una cuarta parte de este artículo que finalice con un compuesto que acabe con la diabetes!

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