Eva Saxl, la superviviente que fabricó su propia insulina durante la II Guerra Mundial

La necesidad obligó, y el matrimonio formado por Eva y Viktor Saxl no sólo consiguió salvar la vida de ella, también la de otras 400 personas con diabetes. ¿Cómo lo hicieron?

Corría el año 1940, y las tropas de Hitler ocupaban Praga. Eva trabajaba de lingüista, pero su origen judío la forzaba a huir del país. El matrimonio consiguió subirse al último barco de refugiados que salió de la capital checa. Su destino: Shangai, ciudad china que en aquel momento estaba ocupada por Japón, como buena parte del país y del sudeste asiático.

Una vez en China, a Eva le diagnosticaron diabetes tipo 1. Una situación que se complicaba unos meses después cuando Japón, inmersa en plena II Guerra Mundial, cerraba las farmacias chinas. La insulina se convertía entonces en un objeto de lujo, que solamente podía conseguirse en el mercado negro. Esto tenía dos inconvenientes: primero, que este mercado solamente aceptaba oro como pago. Segundo, que las condiciones de conservación de la insulina no eran óptimas. Un amigo de Eva y Viktor fallecía tras utilizar insulina en mal estado.

Así que el matrimonio optó por fabricarse su propia insulina. No era una opción exenta de riesgos de todo tipo, pero la situación era extremadamente desesperada.

Un farmacéutico chino les cedió su laboratorio, y se hicieron con un manual , Medicina interna del Dr. Beckman, en el que describía los métodos que el Dr. Frederick Banting y Charles Best utilizaron para extraer insulina de los páncreas de perros y vacas en 1921.

Pero los únicos páncreas que podía conseguir en Shangai eran de búfalos de agua. Para adquirirlos, tejía medias cuando no estaba experimentando, que vendía para costear sus investigaciones.

Le llevó casi un año crear la insulina, que iba experimentando en conejos. Hasta que llegó un momento crítico: la insulina que había adquirido en su momento en el mercado negro se agotaba.

Por suerte, su insulina casera funcionó, y sus esfuerzos sirvieron para salvar la vida. La de ella y la de centenares más de personas con diabetes de Shangai. Eva distribuyó su insulina de forma gratuita, aceptando solamente donativos para el farmacéutico que había cedido su laboratorio, y para costear los materiales. Así estuvo hasta 1945, cuando Japón perdió la guerra, rindiéndose y retirándose de China.

Una vez finalizada la guerra, se convirtió en una voz popular dentro del mundo de la diabetes, dando charlas por todo el mundo. Vivió en Estados Unidos, y durante sus últimos años de vida en Chile, donde había ido a vivir su hermano.

Todo un ejemplo de coraje y lucha que nos debe inspirar a todos a seguir adelante, sin importar los obstáculos. ¿A que sí?

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