Síntomas de la retinopatía diabética

Una complicación muy común de la diabetes es la pérdida de visión. Ya desde que se comienza a estudiar la enfermedad se establece un vínculo con la ceguera. Aunque gracias a la investigación, con los años hemos descubierto que el problema puede suavizarse, e incluso evitarse, cuidando correctamente nuestra diabetes.

No obstante, la retinopatía diabética sigue siendo un gran riesgo de la diabetes para la que tenemos que estar preparados. ¿En qué consiste? Ya sabéis que los altos niveles de azúcar causan problemas circulatorios, que afectan antes que a nada a los capilares de la piel, y otros vasos igualmente finos. Es el caso de la retina, donde se pueden producir obstrucciones o fugas, debido a la alta presión sanguínea.

En la primera etapa de la enfermedad, por tanto, la rotura de vasos o su obstrucción nos producirá tres síntomas claros: una visión borrosa (o que oscila entre borrosa y clara), una inflamación de la retina, y pequeñas “manchas” o “moscas” en la visión.

También podemos tener problemas para ver de noche, o apreciar que los colores no los vemos tan vivos como antes.

Pero no queda aquí la cosa. Estos vasos quedan dañados, y nuestro cuerpo intenta crear nuevos conductos, que al ser nuevos y más frágiles vuelven a partirse. Este proceso fallido de neovascularización provocará pequeños derrames internos, que dificultan la visión cada vez más, con áreas claras u oscuras, pudiendo llegar a provocar un desprendimiento de retina.

¿Y qué podemos hacer? Lo primero es prevenir su aparición, llevando un control correcto de nuestra diabetes, evitando picos de hiperglucemia.

También debemos evitar los factores que aumentan la presión sanguínea: tabaco, colesterol, estrés...

Y, al detectar síntomas, debemos consultar con un oftalmólogo, que nos ayude a estabilizar el problema. De hecho, es recomendable que revisemos nuestra vista de forma periódica, para detectar cualquier pérdida de visión que no hayamos percibido.

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