La diabetes en la tercera edad

La diabetes cada vez es un problema más común entre nuestros mayores. Esto se debe a dos motivos: por un lado, la cada vez mayor prevalencia de la diabetes, que aumenta el número de casos en todas las edades; por otro, los controles y cuidados cada vez más completos de las personas con diabetes, que ayudan a alcanzar edades que en otras épocas era impensable.

Cuando afrontamos la diabetes con una edad avanzada, sobra decir que los cuidados deben ser más meticulosos, ya que por norma general nuestro organismo tiene una menor capacidad de respuesta. Pero además hay algunos factores extra que debemos tener en cuenta, no tanto porque sean una novedad para alguien con diabetes, más bien porque el riesgo que suponen aumenta considerablemente.

Por ejemplo, a la hora de detectar la diabetes debemos tener en cuenta que muchos síntomas pueden enmascararse. Ya sea porque sean comunes a otras patologías y pensemos que se debe a ello, o bien porque son “compensados” por otro problema.

El cuidado diario también puede complicarse cuando las personas de mayor edad tienen una minusvalía física o psíquica que les complique su autosuficiencia.

La fragilidad de los ancianos es un problema en sí mismo, ya que al ser más propensos a sufrir enfermedades, es más complicado mantener sus niveles de glucosa controlados. Las vacunas y demás precauciones para evitar los virus más comunes cobran especial importancia a medida que cumplimos años.

También es importante adaptar la dieta y el ejercicio a cada edad. Muchas personas mayores van abandonando toda actividad, lo que repercute negativamente en su diabetes. Quizá ya no se pueden practicar algunos deportes, pero es importante sustituirlos por actividades de bajo impacto como caminatas, gimnasia

Otro cambio tiene que ver con las medicinas, ya que no se toleran igual algunos tratamientos. Es labor del médico adaptarlos de forma que no llegue a ser peor el remedio que la enfermedad. Si ya cuando somos jóvenes cada persona tiene su propia diabetes y tratamiento, estas diferencias se hacen más acusadas en edades avanzadas, a medida que más factores deben tenerse en cuenta.

Las hipoglucemias son más comunes (y peligrosas) durante la tercera edad, por lo que debemos poner especial cuidado en prevenirlas. Un factor habitual es la deshidratación, que ocurre con mayor facilidad en edades avanzadas, por lo que hay que prestar atención al consumo de agua, evitar calores extremos

Otro factor habitual son las dietas repetitivas y/o concentradas en un par de momentos del día. Aunque a ciertas edades es difícil cambiar de hábitos, es importante educar a los mayores sobre la importancia de llevar una dieta sana, y de repartirla a lo largo del día para tener un mejor control glucémico (entre otras ventajas).

Para terminar, la circulación también empeora con la edad, por lo que hay que tener más cuidado aún con la cicatrización de heridas. Si un calzado apropiado es importante para cualquier persona con diabetes, durante la tercera edad esa importancia aumenta todavía más.

Como decíamos, se trata de forma genérica de extremar algunos puntos del cuidado de la diabetes que debería tener ya cualquier persona con diabetes (y sin diabetes, en más de un caso). Para personas que ya tenían diabetes y han llegado a la tercera edad, se trata de tomar conciencia de que no pueden confiarse y tienen que renovar su nivel de atención. Para los abuelos que descubren su condición a edad tardía, se trata de educarles y cambiar sus hábitos, dándoles herramientas lo más sencillas posibles para hacerlo, y que la diabetes no les merme calidad de vida.

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