Errores comunes al inyectar insulina

Convivir con los pinchazos de insulina es una de las consecuencias de la diabetes que más cuesta asimilar a los primerizos. Evidentemente, a nadie le gusta una aguja. Pero el miedo a estar haciéndolo mal a veces puede causar más ansiedad que el pinchazo en sí.

De hecho, una vez que perdemos este pavor a la inyección, el pinchazo se hace totalmente llevadero. Eliminar esta inseguridad es algo que se debe hacer cuanto antes, aunque siempre sin confiarnos tanto como para no dedicarle la atención necesaria para hacerlo bien.

Para los que quieren quitarse un poco esa inseguridad, y también para los que la habéis perdido, pero quizá podéis mejorar la forma de inyectar la insulina, vamos a hacer un repaso de los errores más comunes en la aplicación de la insulina. Así podréis evitarlos (o corregirlos). Conocerlos también nos puede servir si en algún momento debemos supervisar a una tercera persona que nos inyecte la insulina. No olvidemos que la insulina es el medicamento con el que se relacionan más urgencias médicas.

El primero, es uno de los errores más comunes con cualquier medicamento: no leerse el prospecto. Son aburridos, lo sabemos, pero las instrucciones no están ahí sin motivo. Si el prospecto recomienda una forma de uso, es porque no se recomienda otra forma de hacerlo. Y, ojo, porque leerlo una vez no basta. Los medicamentos cambian, por lo que no está de más reeducarse de vez en cuando y volver a repasarlos.

Y aquí viene uno de los errores más comunes e imperdonables, pese a que la caja y el prospecto lo indique claramente: no cambiar la aguja. Da igual que la use siempre la misma persona, o que el siguiente pinchazo esté cerca. Una aguja, un pinchazo. Sin más. Siempre. Y una vez pinchado la aguja va fuera de la pluma, no esperamos al siguiente pinchazo para cambiarla.

Otro error muy evidente, pero que sigue siendo común es que no se rote (o se rote insuficientemente) la zona de pinchazos. Esto no es ninguna tontería, porque no sólo estamos “sobrecastigando” una zona de nuestro cuerpo, que ya sería motivo suficiente para rotar en cualquier persona. Debemos pensar en los problemas de cicatrización que tenemos las personas con diabetes, que pueden empeorar cualquier complicación debido a la reiteración del pinchazo en un mismo punto. Todo debe rotarse: análisis, sensores, inyecciones, catéteres de inyección continua…

¡Ah, y procura no pinchar en una zona que vayamos a ejercitar poco después! Si vas a salir a correr, no te inyectes en el muslo; si vas a mover el armario y la lavadora para limpiar, deja tranquilo el brazo...

El tamaño de la aguja también es un problema. A veces se usan agujas de un milimetraje muy alto, que nos harán mayores heridas (y por tanto un mayor riesgo de infecciones, mala cicatrización…).

Las prisas es otro error muy, muy común. A veces sacamos la aguja antes de tiempo, lo que impide que la dosis se inyecte por completo. Craso error. Primero, porque si hemos calculado la dosis es para tomarla completa. Si no lo hacemos, ya sabemos que como mínimo estamos acercando el siguiente pinchazo. Y eso es el mejor de los casos…

Por último, un error común es hacer mal la purga de la inyección. Es importantísimo asegurarnos de que no nos inyectamos aire, y por eso la purga es indispensable. Y recuerda, ¡se purga hacia arriba! Si intentamos purgar expulsando hacia abajo, no sirve absolutamente de nada (tal y como cuentan en el prospecto. ¿O no lo has leído aún?).

Como veis, ninguna de las recomendaciones requiere de formación médica, simplemente de disciplina y sentido común.

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