El entorno de la persona con diabetes

¿Mi pareja tiene diabetes, qué debo hacer? ¿Cómo ayudo a mi hijo con diabetes? Las personas más cercanas a los enfermos de diabetes también se preocupan por nuestra salud. Y su papel puede llegar a ser muy importante en la gestión de la enfermedad.

Para empezar, es positivo que alguien se preocupe por nosotros. Más allá de los beneficios afectivos, la diabetes es una enfermedad que puede resultar complicada de manejar para algunas personas (más allá de los niños y ancianos). Un poco de ayuda nunca viene mal, y además es importante evitar la sensación de estar solo ante la diabetes.

¿Cómo puede ayudar alguien a una persona con diabetes? El paso más importante es informarse. Conocer la enfermedad es muy importante. Primero, para saber cuándo la otra persona puede necesitar ayuda y cuándo no. Así minimizamos riesgos en los primeros casos, y evitamos una sobreprotección en las segundas situaciones que sólo consigan generar más ansiedad o inseguridad

Además, conociendo más sobre la enfermedad podemos ayudar mejor a su control; ofreciendo información sobre nuevas tecnologías, o ayudando a mejorar la dieta.

Por ejemplo, una persona que sabe qué alimentos son menos saludables, es más probable que no contribuya a que estos lleguen a la mesa de la persona con diabetes (¡ni a la suya propia!).

A veces, más que ayudar, lo importante es no ser un problema para que la otra persona se ayude a sí misma. ¿Estamos aumentando sus niveles de estrés o ansiedad? ¿Impide nuestro comportamiento que deje de fumar? ¿Nos negamos a dar paseos porque no nos apetece, con lo que esa persona acaba por no hacer ejercicio tampoco?

Y es que la información no termina en libros, profesionales o Internet. Faltaría una de las fuentes más importantes: la propia persona. Cada individuo vive la diabetes de forma diferente, y preguntarles es la mejor manera de saber cómo podemos ayudarles a gestionar mejor su diabetes. Un flujo de información que debe ir en los dos sentidos, ya que la persona con diabetes también debe saber cómo se sienten alrededor. Quizá estamos asustados, le transmitimos ese miedo sin darnos cuenta, y esa persona puede tranquilizarnos si conoce nuestra situación.

Cada persona debe encontrar su manera de ayudar, y nosotros debemos dejar que lo hagan. A veces puede ser algo tan sencillo como que nuestros padres nos acompañen a nuestra cita con el endocrino. Otros preferirán que sus hijos les diseñen una dieta más equilibrada. Hay quien necesita que alguien les acompañe y les empuje a hacer deporte…

Todo es cuestión de comunicación. Como cualquier otro problema, la diabetes es menos grave cuando no se afronta desde la soledad. ¡Ayudemos, y dejemos que nos ayuden!

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