Cuidados para la piel si tienes diabetes

Se calcula que un tercio de las personas con diabetes tienen al menos una vez algún problema cutáneo originado por su condición diabética, ya que los capilares y los nervios suelen sufrir daños, que limitan la sensibilidad y la circulación en la zona. La diabetes provoca así una mayor predisposición a sufrir infecciones bacterianas o fúngicas, que pueden llegar a convertirse en problemas más graves.

El autocuidado es clave para evitar muchas de estas complicaciones, y para detectar cualquier indicio de un problema potencial antes de que se convierta en uno. Como sabéis los pies son la zona más delicada, aunque no la única que debemos cuidar.

¿Qué podemos hacer para ello?

Lo primero, hidratarla. Beber suficiente agua durante el día es siempre importante, y en el caso de nuestra piel permite que no se seque, favoreciendo su cuarteado. Una crema hidratante también puede ayudar en las zonas más secas, pero nunca entre los dedos de los pies.

Ojo, que “hidratada” no quiere decir “mojada”. Todo lo contrario, es importante secarse bien tras un baño o ducha, eliminar el sudor… la humedad favorece la creación de hongos, por lo que debemos pasar bien la toalla para secarnos, especialmente en las zonas más propensas a este tipo de infecciones, que son los pliegues: axilas, ingles, dedos de manos y pies, bajo el pecho…

En la ducha, usemos agua tibia y un jabón suave, ya que un jabón demasiado fuerte puede dañar la piel.

Para manos y pies, cortar las uñas correctamente es importante para que no se encarnen y causen heridas que podrían ofrecer problemas al cicatrizar. Mantenedlas cortas, realizando un corte recto. Si alguna uña comienza a dar problemas, no dudéis en acudir a un podólogo.

Finalmente, es importante que usemos un calzado amplio, cómodo y transpirable. De este modo evitaremos rozaduras, ampollas, durezas, y ampollas en nuestros pies, manteniéndolos más sanos. Es importante no andar descalzos en zonas donde podamos cortarnos, ni tampoco en superficies muy calientes como la arena de la playa o el asfalto.

Por último, la autorrevisión es también muy importante. Especialmente en los pies u otras zonas sensibles que hemos mencionado al hablar del secado. Regularmente debemos, ya sea solos o con ayuda, buscar heridas, ampollas, grietas, o cualquier anomalía. En caso de encontrar alguna, lo ideal es acudir al médico y no intentar curarla uno mismo, a riesgo de empeorar la situación. Es importante no “dejarlo estar”, y acudir lo antes posible, especialmente cuando se trate de los pies. Atajar el problema a tiempo puede suponer una enorme diferencia.

Y, por supuesto, cuidado con los dos grandes enemigos de la piel: sol y tabaco. Con el primero tendremos extremada prudencia. Al segundo, mejor tenerlo lo más lejos posible.

Siguiendo estas recomendaciones, mantener lejos los problemas dermatológicos es posible, y hasta muy probable. Además, ¿a quién no le gusta lucir una piel estupenda?

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