Si es una 'dieta saludable', lo es 'para la diabetes'

Hoy contamos con los consejos del Dietista-Nutricionista y Biólogo Juan Revenga. El autor de “Con las manos en la mesa” nos deja sus recomendaciones a día de hoy sobre alimentación para la población con diabetes y para la población general; porque, como él mismo dice, “deberían ser idénticas”. Ni más ni menos.

Los pacientes con diabetes, la población general y también un buen número de profesionales sanitarios -incluidos muchos de los que ejercen la medicina- vivimos mediatizados por un conocimiento trasnochado al respecto de las recomendaciones dietéticas para la diabetes. Lo creas o no, muchas de las recomendaciones que se ofrecen hoy en día (incluso en un centro sanitario) son las mismas que las que se proporcionaban hace un siglo. Esto no sería especialmente grave si además de seculares, dichas recomendaciones estuvieran respaldadas por el conocimiento científico más actual; pero resulta que no es así. Son recomendaciones basadas en una ciencia superada hace mucho tiempo ya, y que además, en general, no es compatible con el conocimiento científico actual.

En esas directrices a las que me refiero, no es infrecuente encontrar dietas para la diabetes junto a otras dietas para lo que sea, por ejemplo, para las dislipidemias o para la hipertensión (entre muchas otras). Hay que reconocer, todo hay que decirlo, que estas propuestas son muy vistosas y suelen tener una muy buena acogida por los correspondientes pacientes, y sus familiares. Pero en realidad estas dietas son, en cierta medida, un camelo. Para que me entiendas, un camelo es ese discurso que carece de sentido pero que suele seducir al receptor. En ocasiones y además se suele utilizar como reclamo para otros fines o para captar la atención. El principal problema en estos casos suele ser, como mínimo, la “pérdida del coste de oportunidad”. Es decir, que los pacientes dediquen tiempo a seguir directrices que no son las mejores, tiempo en el que se podría estar interviniendo de la forma óptima si el consejo hubiese sido otro.

Digo que vivimos mediatizados, porque en no importa qué medio se nos hacen llegar diversas dietas o planteamientos dietéticos para la diabetes u otras patologías. Y, ¡ojo! porque la aparente seriedad del medio o del canal no implica que se haga bien. Tanto, que esa (aparente) seriedad suele venir avalada por la opinión (trasnochada en estos casos) de no importa qué profesional sanitario e incluso, llegado el caso, influencer de turno.

Así que es momento de dejarlo bien claro desde el principio: no-hay-una-dieta-para-aquellos-que-padecen-diabetes. Ni tampoco, en general, para los que padecen hipertensión, cáncer o dislipidemias. Los consejos ante aquellos pacientes que se encuentren en estas situaciones no deben diferir, en esencia, de aquellos que se dirigen a la población general con el fin de procurar que esta siga una alimentación equilibrada y saludable.

Sé que esta información puede resultar llamativa, porque como digo llevamos muchos años recibiendo datos contrarios a este mensaje. Pero, aunque sea llamativa, es algo por lo que deberíamos alegrarnos. ¿Por qué? Pues primero porque supone un avance en materia de ciencia -la ciencia, por definición, es progreso-, y segundo porque implica una importante simplificación de las recomendaciones. Como ya te imaginarás, a poco que me conozcas, tengo una importante batería de recientes consensos y publicaciones científicas de cuyo análisis es fácil inferir estas conclusiones. Vamos a ello.

Recomendaciones generales vs recomendaciones para diabetes

Uno de los documentos más recientes y actualizados (cosa que aunque parezca un contrasentido, no siempre coincide) sobre cuestiones dietéticas referidas a la diabetes lo tenemos en el trabajo de la Asociación Americana de Dietética titulado Terapia nutricional para la diabetes y prediabetes en adultos: un informe de consenso. Se trata de un extenso informe que deja diversos mensajes clave, pero si me lo permites, voy a entresacar alguno de los más preclaros:

  • El primero puede suponer un impacto importante para muchas personas, atentos: a pesar de lo extendido que está este concepto, no existe un porcentaje “ideal” de calorías que provengan de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas que deba planificarse para las personas con diabetes o en riesgo de padecerla. Es decir, la distribución de macronutrientes debería responder a una evaluación individualizada de los pacientes y sus preferencias. Una recomendación que, por cierto, ya estaba presente en el consenso de 2013 de esta misma asociación.
  • Por lo tanto, no existe una sola dieta para la diabetes, hay decenas.
  • Es recomendable el consumo de alimentos ricos en fibra de la misma forma que se recomienda a la población general (textualmente en el documento), dando preferencia a alimentos “reales” [posiblemente se refiera a su contraposición con los alimentos ultraprocesados y/o enriquecidos en fibra] tales como verduras, hortalizas, legumbres, frutas y cereales integrales
  • Antes que poner el acento sobre cualquier grupo de alimentos o nutriente, se ha de enfatizar la presencia cotidiana de verduras y hortalizas, más en concreto: acelga, espinacas, lechuga, rábanos, berenjena, calabacín, judía verde, etcétera.
  • Reducir tanto como sea posible (cuanto menos mejor) la presencia de alimentos con azúcares añadidos y los cereales refinados.
  • En relación al consumo de bebidas alcohólicas, se desalienta su consumo y, si finalmente se bebe, se ha de hacer con moderación (para mujeres adultas una bebida o menos al día; y para los hombres un máximo de dos, o menos)

Estos son a grandes trazos las recomendaciones del último y más relevante consenso sobre alimentación en diabetes. Como se puede contrastar no hay referencia al consumo de alimentos concretos como los plátanos, los higos, etcétera, ni a macronutrientes concretos; salvo en lo que refiere a desincentivar la presencia de grasas saturadas, y sobre todo trans, de forma cotidiana.

Lo mismo más o menos que podemos encontrar en las guías basadas en la evidencia más actuales del Reino Unido (toda una referencia desde hace años) en las que o puedo evitar entresacar una frase literal, que además de servir como argumento de este artículo, apoya aquel otro publicado en este canal y que dice que: “Los personas con diabetes deberían alcanzar sus necesidades nutricionales con alimentos cotidianos”

Ahora, si tomamos en consideración las recomendaciones generales, las que se dirigen a todo el mundo, por ejemplo, las que se derivan del Healthy Eating PLate de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, se contrasta que no hay ninguna diferencia con las recomendaciones dietéticas ante la diabetes y prediabetes. Y cuando digo ninguna es eso, ninguna.

Así, y volviendo sobre el documento de consenso británico, a modo de resumen, se recomienda que para la gestión dietética del paciente diabético se sigan patrones generales como: La dieta mediterránea; la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) un popular recurso con tanta historia -o más- que la dieta mediterránea y con la que comparte la mayor parte de sus preceptos; o las dietas veganas o vegetarianas.

De hecho, esta misma guía recomienda incluir más alimentos que se asocian entre la población general con una disminución del riesgo de diabetes, y reducir el consumo de aquellos que lo incrementan. Es decir, lo que es bueno para personas con diabetes, también los es para lo que la padecen, y lo que es malo para las primeras, también es malo para las segundas. Más claro agua.

 

FOTO: Blog oficial de Juan Revenga, El nutricionista de la General

 

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