Influencer y responsabilidad ¿un binomio en crisis?

Hoy escribe en nuestra página Óscar López de Briñas (Jedi Azucarado), profesional de la comunicación que lleva varios años relacionado con la diabetes y la salud.

Influencer. Una palabra de moda que hoy todos conocemos, pero que a mí personalmente no me gusta mucho por la vanidad y altivez que desprende ¿Pero qué es realmente un influencer? Se trata de una persona que consigue en redes sociales un volumen de seguidores mínimamente relevante dentro de un colectivo o temática. Pero además (y esto es lo realmente importante) esa persona ejercerá de manera silente y casi subliminal cierta influencia sobre sus lectores con sus opiniones o comentarios. Y el mundo de la diabetes no es ajeno a este asunto de las redes sociales. Aquí también existen personas que tienen seguidores y que ejercen en cierto modo un condicionamiento o influencia sobre otros. Ya sea por su experiencia con la enfermedad… por su carisma personal… por la originalidad de sus publicaciones… por el humor y la agudeza de sus comentarios … por sus conocimientos aprendidos… porque tiene una profesión en el ámbito de la salud… o incluso a veces por su atractivo físico o fotogenia. Son muchos los motivos que hacen que de una u otra forma una persona genere cierto tirón entre la comunidad y comience a aumentar sus seguidores, lo cual lleva unido de manera inseparable la capacidad de afectar o influir en cierto modo en los demás. Pero como dicen en los cómics de Marvel “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”… 

Y esta máxima que acuñó Stan Lee para uno de sus súper héroes es perfectamente aplicable a este asunto de las “personas relevantes” en diabetes en redes sociales. Hay que tener responsabilidad. O simplemente sentido común, diría yo. Esto -que debería ser lo normal- por desgracia no siempre lo es, y en ciertos sectores como el de la salud adquiere una importancia crucial. Me intranquiliza a veces leer algunos mensajes lanzados en redes en el ámbito de la diabetes. O por falta de rigor, o por dar mensajes poco apropiados, o por meterse en terrenos que no son competencia de un paciente… Creo que no se es consciente de toda la gente a la que se llega por las RRSS. Alguien que goce de seguidores (sean muchos o pocos) tiene que tener siempre grabado a fuego en su brazo (o en otra zona si ahí lleva el sensor) que le leerán personas de todo tipo: tipo 1… tipo 2… expertos… novatos recién diagnosticados… padres, madres y cuidadores… e incluso profesionales de salud. Y este paquete variopinto exige que los mensajes que se lancen sean adecuados. Acotar y especificar siempre al máximo lo que se dice, para quién se dice y cómo se puede entender por parte de personas que no son como tú. Ponerse en la piel de los demás, podría resumirse así. Porque pensar que quienes te leen son como tú es uno de los errores más comunes entre personas que aportamos en la Red hablando de diabetes.

Hay que procurar recordar que mi opinión es sólo eso; una opinión. Y es sólo mía. No es palabra de ley. No es sentencia. Mi posición desde la atalaya no da más valor a lo que digo. Ni tener más años de diabetes hace que lo que diga sea mejor. No somos curas en un púlpito. No aleccionamos. No tenemos la razón de manera sistemática. Cuidado con los consejos. Sólo sobre lo que uno puede aconsejar. No más allá. No podemos poner en duda consensos médicos sólo porque a nosotros no nos funcionen igual de bien. No a consejos de terapias o medicamentos. Cuidado con dejarse llevar por alguien que te manda un privado pidiéndote consejo sobre su diabetes. En muchas ocasiones, ese consejo es competencia médica o de una educadora en diabetes, o de un nutricionista. En general, evitar caer en la tentación de la vanidad. Sólo somos uno más con diabetes. Como el resto. Como suelo decir siempre, lee, relee y vuelve a releer las veces que haga falta cualquier contenido de diabetes que vayas a publicar en la Red.

Mi opinión no es mejor que la de nadie. Es sólo una opinión, la cual luego cada uno deberá filtrar, incorporarla a su paquete de experiencias y conocimientos y aprender de ella, no seguirla al pie de la letra. Y por eso no sólo el “influencer” debe ser cauto y sensato con lo que publica, sino también el lector con lo que lee. Recuerda que la diabetes es personal y cada uno tenemos la nuestra. Es bueno ayudarse, y muchos lo intentamos, pero el límite entre ayudar o cruzar el límite es muy fino. Hagamos de la potencialidad de las redes sociales algo realmente útil.

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