Hipoglucemias y sensores de glucosa: ¿sobreactuamos?

Hoy tenemos con nosotros de nuevo a InsulinRock, que viene como firma invitada para hablarnos del correcto uso de los sensores de glucosa para evitar un error que pueda conducirnos a una hiperglucemia.

“La tecnología nos ayuda a resolver problemas, pero también crea otros nuevos problemas que antes no existían”. Creo recordar haber leído o escuchado esta frase en alguna parte, si no exactamente igual, algo parecido, pero no logro recordar dónde. Aunque bien es cierto que la monitorización continua de glucosa mediante la glucemia intersticial tiene ya unos añitos (de hecho, la que se considera primera bomba de insulina llamada Biostator ya contaba con un sistema de medición continua de glucosa allá por el 1974) no ha sido hasta hace apenas un par de años que esta se ha estandarizado y dado a conocer en nuestro país; pero como dice la frase con la que abro este artículo, esta tecnología nos ha ayudado muchísimo pero también ha traído consigo una serie de nuevos errores que podemos cometer.

Voy a hablar de uno de los que creo que hay que tener más en cuenta a la hora de usar estos sistemas y no es otro que el problema de sobreactuar en caso de hipoglucemia. Pongo un ejemplo: comienzas a notar la sintomatología ya conocida (sudor, tembleque…), miras tu medidor de glucosa y este nos indica un valor claramente en hipoglucemia; así que dejamos lo que estamos haciendo y nos tomamos una cantidad de carbohidratos para remontar. Esperamos unos 10 o 15 minutos y vemos que en nuestro medidor continuo aún sigue mostrándose un valor bajo, así que volvemos a ingerir carbohidratos… esto puede repetirse un sinfín de veces hasta que vemos que empieza a subir la glucosa en el medidor y al cabo de un rato obtenemos como recompensa una hiperglucemia.

¿Qué ha pasado? Pues que no hemos tenido en cuenta que los valores de glucosa que nos muestra nuestro medidor continuo de glucosa se trata de un valor en líquido intersticial, no en sangre. ¿Y en qué se diferencian? Pues, para hacernos una idea, este líquido es el que rodea a las células y las provee de distintas sustancias como glucosa entre otras. Cuando ingerimos carbohidratos, estos se absorben en el intestino y del intestino pasa directamente a la sangre y de ahí ya se reparten por el cuerpo hasta llegar al intersticio, es decir, la glucosa llega antes a la sangre que al intersticio. Los cambios de glucosa en sangre tardan un tiempo en manifestarse en el líquido intersticial (de 10 a 20 minutos aproximadamente), por ello se habla de que existe una cierta latencia entre ambos valores.

Algunos conceptos clásicos como la regla del 15 comienzan a quedar obsoletos o al menos necesitan una revisión. Recuerda que siempre una glucemia capilar va a ser más fiable que la que marque tu medidor continuo (desgraciadamente no nos podemos deshacer del glucómetro aún) y que, por lo general, con 10 o 15 gramos de carbohidratos vas a poder remontar una hipoglucemia normal; a veces incluso con menos. La máxima ahora no es otra que la de conocernos a nosotros mismos y personalizar.

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