El dinosaurio diabético

El artículo de hoy en nuestra página lleva una firma popular y querida por nosotros. Óscar López de Briñas, más conocido como Jedi Azucarado, vuelve para reflexionar desde Objetivo #CeroHipoglucemias con su particular ingenio. ¿Quién es el dinosaurio diabético?

Tradicionalmente, la palabra dinosaurio (aparte de ser un bicharraco de hace tropecientos años) es un apelativo con el que nos referimos a algo o alguien mayor, anticuado, viejo o que ha vivido mucho con alguna circunstancia o situación.

En diabetes, el dinosaurio diabético es aquella persona que tiene muchos años de evolución a sus espaldas. Que ha conocido antiguas e ineficaces insulinas, impresionantes jeringas de cristal. O las “modernas” jeringuillas desechables. Alguien que medía la glucemia en orina y tenía un médico que le reñía cada vez que comía algo con azúcar (lo cual estaba prohibido bajo pena de muerte). Alguien que no tenía enfermera educadora… En definitiva, un dinosaurio diabético es alguien que vive con su enfermedad desde hace mucho tiempo y puede demostrar con sus vivencias que el control de la enfermedad ha evolucionado mucho. Es alguien que lleva soportando la carga de la enfermedad crónica desde tiempos inmemoriales. De hecho, un dinosaurio diabético es probable que ni siquiera recuerde su vida prediabética cuando era una persona “normal”.

Pues bien, al dinosaurio diabético la comunidad de pacientes con diabetes le suele respetar mucho porque causa admiración. Básicamente por haber aguantado tanto con aquellas precarias condiciones de control que había por entonces. Y porque son muchos años los que lleva a sus espaldas controlando lo que a veces parece incontrolable. Parece haber conseguido dominar a la fiera y vive con ella en aparente armonía. Lo tiene todo bajo control. No se altera con los imprevistos de la diabetes. Porque para un dinosaurio diabético, sencillamente no hay nada que le pille desprevenido tras tantos años viviendo con esta indeseable compañera.

Por todo ello, este personaje es respetado allá donde va. Por seguir al pie del cañón y porque sobre todo, se le presupone todo un experto: “Mira, ese de ahí es un dinosaurio diabético! ¡Lleva 35 años con diabetes!”, susurra una chica a su compañero al ver con admiración al susodicho acercarse por el pasillo mientras todos esperan para entrar a una charla sobre diabetes. Al igual que en los documentales de La2 cuando el narrador explica cómo los animales temen y respetan al elefante del Kalahari por su tamaño, el dinosaurio diabético es respetado en su ecosistema de la diabetes y sus palabras tienden a ser tomadas como palabra de ley en redes sociales, foros y grupos de Facebook. ¿Pero esto es así realmente? O mejor dicho… ¿debe ser así? ¿Es necesariamente el dinosaurio diabético un experto? La respuesta es NO.

Para empezar, esta persona es un humano como los demás.  Y por tanto, propenso a tropezar no una, sino mil veces en el mismo pedrusco; algo tan consustancial a los humanos y casi seña de identidad de nuestra especie. Pero sobre todo, el dinosaurio diabético tiene un largo recorrido con diabetes, lo cual no implica necesariamente un recorrido exitoso. Ni tampoco un adiestramiento adecuado. Ni sobre todo un interés por aprender o una implicación con su enfermedad. El dinosaurio diabético es sencillamente un vino con solera. Pero ese vino no tiene porqué ser un Gran Reserva. No todos los vinos se convierten en excelsos tan sólo por meterlos en una barrica de madera durante años en oscuridad. Como he dicho muchas veces en mis charlas, la implicación de cada persona es lo que marca realmente la diferencia. Por suerte, hoy el nivel de implicación (o adherencia en términos profesionales) es más alto que antaño, cuando aquellos dinosaurios (entre los que me encuentro) nos desesperábamos por intentar controlar lo incontrolable con aquellas precarias herramientas terapéuticas y diagnósticas. Por tanto, estas personas generalmente vienen de épocas negras en las que su diabetes era algo tan insoportable que a veces incluso le daban la espalda. Es cierto que en muchos casos se han ido implicando con el paso de los años y la llegada de mejoras palpables. O en otros casos pasaron muchos años utilizando su método científico de la “ojimetría” y su paso al contaje por raciones ha sido para ellos algo relativamente nuevo. En definitiva, hay múltiples circunstancias que pueden darse para todas estas personas, que sólo coinciden en una cosa; su largo recorrido con la diabetes.

Pero vivir mucho con algo no quiere decir que lo hagamos bien, ni que la convivencia sea pacífica. Por eso me gustaría recordar que hoy día tenemos personas con muy poco recorrido en diabetes y que sin embargo, atesoran ya unos conocimientos y un nivel de control asombroso. Lo veo cada día allá donde voy en eventos de diabetes. Personas que a todos los niveles, superan ampliamente el nivel (generalmente sobrevalorado) de los que somos dinosaurios diabéticos. Y esto me lleva a las dos conclusiones que quiero destacar como colofón a este artículo:

  1. La primera es que tomemos las palabras de un dinosaurio diabético como las de uno más. Siempre hay que tener precaución con los consejos (bienintencionados o no) que leemos o nos dan en persona o en redes. Pero no otorguemos mayor credibilidad de base a lo dicho por alguien que venga de la época cretácica con su diabetes. Los consejos hay que tomarlos, adaptarlos a nuestra casuística y hacer que aumente nuestra base de datos de conocimientos. Pero un dinosaurio diabético no es médico ni profesional de salud, por mucho que algunos lo parezcan. Ah, y menos aún algo tan grotesco como dinosaurio Jedi -donde yo me englobaría-, que parece sacado de una peli de serie B.
  2. La segunda es que hoy podemos ver a muchas personas con amplísimos conocimientos, científicos y fundamentados sobre diabetes, independientemente de su tiempo de evolución. Personas instruidas, autodidactas, inquietas, que se han preocupado por buscar e informarse sobre su enfermedad y aprender para ser lo que todos debemos ser: más expertos que nuestro médico en nuestra propia diabetes. Ríete tú del dinosaurio a su lado. Hoy hay personas que podrían poner en apuros a un profesional de salud hablando sobre ciertos aspectos de la diabetes. Y esto demuestra que estamos haciendo las cosas bien. El nivel de empoderamiento del paciente con diabetes ha crecido de manera brutal, especialmente en tipo 1. Y esto sólo implica una cosa: mejor control y reducción de complicaciones a futuro.

Por todo ello, la próxima vez que tengas a un dinosaurio diabético a tu lado admíralo, mímalo, cuídalo como un animal exótico. Venéralo como rara avis que es y respétalo por haber llegado hasta aquí y por todo lo que se ha esforzado. Pero piensa que el simple paso de los años no te hace experto en nada. Hoy los dinosaurios tan sólo son testigos de una época pasada que nada tiene que ver con el futuro próximo apasionante que tenemos delante.

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