Villarriba y Villabajo: sobre las dietas con y sin hidratos

Hoy tenemos con nosotros en nuestro blog a Óscar López de Briñas (Reflexiones de un Jedi Azucarado), que nos recuerda la importancia de entender que lo que funciona bien para uno, no tiene por qué funcionar para los demás. Recordad: ¡cada diabetes es única!

Hace varios años había un spot en televisión en el que narraban la rivalidad de dos pueblos vecinos cuando fregaban vajillas en sus fiestas populares. Quienes usaban el detergente anunciado en el spot lavaban más platos, conseguían más espuma y la vajilla quedaba más limpia y reluciente. Y uno le humillaba al otro gracias al uso de semejante maravilla en forma de jabón lavavajillas.

Algunos años después, no puedo evitar que me venga a la cabeza el anuncio de Villarriba y Villabajo cuando en el mundo de la diabetes estamos asistiendo a una potente polarización en el asunto de la dieta.

A un lado están quienes practican una dieta llamémosle “estándar” y por otro quienes se han subido a la moda actual de restringir los hidratos de carbono en mayor o menor medida. Villarriba y Villabajo en el mundo de la manduca.

¿Pero qué sucede con estos dos bloques, estos dos pueblos de la diabetes? ¿Hay también rivalidad como en el spot de televisión? Hoy día el tema alimentación y dieta está claramente de moda. Hablar de macro y micronutrientes está a la orden del día.

Los dietistas están viviendo su época dorada y todos creemos que nuestra dieta es perfecta. Si a eso le sumamos la tradicional osadía y confortable distancia que proporcionan las RRSS, nos encontramos con una realidad en la que multitud de personas se aventuran a dar consejos sobre dietas. O mejor dicho sobre SU dieta, con el atrevimiento de pensar que esa dieta le va a ir bien al resto del mundo.

En condiciones normales no me preocuparía demasiado. Pero sí cuando estas publicaciones se hacen dentro del mundo de la diabetes; entrando en terreno pantanoso. Muchas personas deberían pensar que ni ellos son profesionales del tema ni deben hacer proselitismo de su dieta, ya sea la de la alcachofa, la del rábano, la baja en HC, la cetogénica o la del caracol en su jugo. Sin embargo, ese proselitismo se ve cada vez más entre el colectivo de las dietas restrictivas de HC.

Las personas con una dieta “estándar” (que incluye HC) no publican ningún contenido en el que aludan a la bondad de usar esta fuente de energía en su alimentación. A veces ponen una foto de un plato de legumbres, sí. O de un bizcocho que han hecho y que les ha quedado de muerte. Pero no aluden al disfrute infinito que les (nos) produce comer determinados alimentos que contienen HC. Y menos aún invitan a nadie a que se coman eso mismo y sigan esa dieta.

Sin embargo, existen innumerables publicaciones entre quienes practican la dieta restrictiva de HC en las que difunden públicamente sus bondades con la misma intensidad que un vendedor de coches usados en un pequeño pueblo perdido del medio oeste americano. Publican sus maravillosas curvas glucémicas de las que no dudo, ya que evitar los HC sin duda produce ese efecto. Pero también en no pocos casos leo cómo ante cualquier comentario de alguien a su post, le animan con insolencia y atrevimiento a sumarse a esta corriente de moda explicándole que su diabetes irá mejor y que todo será de color de rosa en ese mundo de gominola cetogénica. Y a mi particularmente me da miedo que personas poco duchas en diabetes vean esas gráficas y puedan hacer caso a esas recomendaciones, comenzando por su cuenta y riesgo a realizar una dieta altamente restrictiva de HC sobre sí mismos. O aún peor, sobre un menor en edad de crecimiento, por ejemplo, con el peligro que ello conlleva.

Creo que cuando estamos hablando de salud -y esto ya me lo habréis leído muchísimas veces- hay que ser sumamente cuidadoso con lo que decimos en RRSS. En Villabajo parece que quieren convencer a los de Villarriba para que comamos de su menú low carb o Keto. Por cierto, ¿por qué demonios hay que usar terminología inglesa cuando tenemos su equivalente en español? Además, Keto me suena a nombre de perro ¡Vamos Keto! ¡Busca! ¡Búscame la pelotita!

En Villarriba disfrutamos con una buena alubiada con sus sacramentos. Una paella. Unas simples pero increíbles patatas a la importancia. Un bizcocho… Hemos decidido que comer de todo en cantidades razonables es lo que nos mantiene la mente equilibrada en ese difícil balance entre dedicación a la diabetes y calidad de vida. Yo particularmente como HC en mi dieta porque básicamente, casi todo lo que me gusta los tiene. Así de simple. Y me parece genial que haya muchas personas que decidan restringir ciertos alimentos. Ya sea porque les sientan mal. Porque no les gustan. Porque han leído en el Hola a algún iluminati que ese alimento es “malo”… Es su decisión. Allá cada cual con su dieta elegida.

¿Pero para qué intentar convencerme o vender con una bonita gráfica glucémica que no comer HC es lo mejor del mundo mundial? ¿Hay alguna comisión por conseguir adeptos? Hay una clara carbofobia extendiéndose en la sociedad hoy día, y sus acólitos afirman que no necesitamos a los carbohidratos. Pero por ejemplo se han realizado estudios que demuestran que se necesitan si realizas actividad deportiva a un cierto nivel. Y su carencia en estas personas está relacionada con ciertos problemas en el rendimiento deportivo y en aspectos como la inmunidad, estados inflamatorios, metabolismo, salud ósea o alteraciones hormonales. Que las dietas bajas o carentes de HC están de moda es una evidencia. Que producen una mucho menor variabilidad en las glucemias es también evidente. Que la HbA1c se puede reducir hasta valores sorprendentes lo sabemos; es pura lógica. Sin embargo, aún falta mucha evidencia científica que indique la idoneidad de ese tipo de dietas en diabetes.

Y ojo, que yo soy de la opinión de que moderarse en el consumo de HC es recomendable, pero creo que la clave está en el cálculo de los HC, no en los propios HC en sí mismos. Los HC no son el malo de la película. Por tanto, el problema de las curvas glucémicas y los HC no son estos últimos, sino su estimación. Si tuviéramos una herramienta mágica que nos permitiera calcular de manera exacta los HC en las comidas y el ratio fuera correcto, los picos postprandiales serían casi inexistentes. Y las glucemias medias, la variabilidad y la

HbA1c no se vería tan alterada. Pero en ese proceso manual está el error que hace que cuantos más HC ingiramos en la dieta, peores curvas glucémicas obtendremos por una mera cuestión de probabilidad.

Dicho todo esto, creo que Villarriba y Villabajo deben seguir conviviendo en amigable armonía. Dejémonos de intentar convencer. Las decisiones personales son eso, personales. Y hablando de diabetes hay que tener cuidado con lo que se recomienda.

No sabes las circunstancias de quien te lee. Me escalofría leer perfiles como el de una persona que dice “estar en forma a cierta edad” y que vende la dieta cetogénica radical a gente con diabetes hablando como si fuera una mezcla de comercial, bioquímico y dietista sin ser ninguna de las tres cosas (eso sí, está muy cachas, pero no tiene nada que ver). Gente así hace muchísimo daño y recomiendo huir de estos telepredicadores baratos de la salud. De lo que se trata es de controlar nuestra diabetes. Cada uno la suya. Y del mismo modo que cada uno decidimos a quién votamos o a qué equipo de fútbol seguimos, también decidimos si queremos comer tortilla de patata en Villarriba o tofu en Villabajo.

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