Comer fuera teniendo diabetes

Hoy nuestra firma invitada es Noelia Herrero, de Dulces Diabéticos, que nos habla de un tema que a todos nos interesa mucho.

Hacer vida social es algo natural en cualquier persona. Como animales sociales que somos, nos gusta relacionarnos con otros humanos, y a veces hasta salir con ellos por ahí. Y como todos los humanos comemos, resulta que a veces se juntan ambas cosas: que salimos por ahí a comer.

Ya sea porque unos amigos organizan una barbacoa, vamos a cenar con nuestra pareja a un restaurante o vamos a celebrar la Navidad en familia, muchas veces nos vemos obligados a comer fuera de casa. En esas ocasiones, es posible que nos encontremos con algunos problemas o consideraciones de cara a nuestra dieta, sobre todo si tenemos diabetes.

En este artículo te voy a dar algunas recomendaciones para que comer fuera de casa teniendo diabetes sea lo mejor posible y disfrutes al máximo de esos momentos en compañía de tus amigos o familiares.

1. Planifica, anticípate y lleva la iniciativa

Si has quedado con alguien para comer fuera de casa, lo primero que tienes que hacer es anticiparte a esa situación. ¿A qué restaurante vas a ir? ¿Qué tipo de comida hay? ¿Tienen carta online, para planificar el menú antes de ir? ¿Puedes ir andando en lugar de en coche?

En la medida de lo posible, intenta sugerir el sitio que más te convenga. Evita sitios de comida rápida, bares donde predominen los fritos o restaurantes donde no vayan a poder ofrecerte platos saludables. Es posible que ya conozcas algún restaurante al que te guste ir, ¿por qué no propones ir a ese?

Además de ir a un sitio donde comerás mejor y más a gusto, seguro que el resto de comensales agradecen la iniciativa y están encantados de no tener que pensar adónde ir.

También es importante que te prepares en cuanto a todo lo que puedas necesitar. Asegúrate de llevar siempre tu medidor, medicaciones, insulina, tablas de alimentos y porciones o dieta si el nutricionista te las ha proporcionado…

Si hace poco que tienes diabetes, es altamente recomendable que lleves siempre tu dieta a mano para ver qué puedes comer. Esto es más habitual en el caso de personas con diabetes tipo 2, ya que en casos de diabetes tipo 1 los hábitos alimentarios están más consolidados, y por lo general suele haber menos dudas. Ante la duda, pide siempre ayuda a tu endocrino o nutricionista para conocer mejor los alimentos y cómo te afectan personalmente.

2. Controla los horarios

Que la diabetes regula los horarios de nuestras comidas, lo sabemos todos. Que cuando comemos fuera esos horarios se van al traste, también lo sabemos.

Cuando vayas a comer fuera de casa, intenta controlar al máximo los horarios de la comida. Si normalmente comes a las 13h, sugiere una hora similar para comer. Ten en cuenta que en los restaurantes suelen tardar un rato en servir la comida para anticiparte al decidir a qué hora hacer la reserva.

Una vez estés en el restaurante y escojas tus platos, pregunta al camarero por el tiempo de preparación de cada uno de ellos. Por ejemplo, las ensaladas suelen estar listas bastante rápido, mientras que los arroces tardan mucho más en salir de cocina. Lleva también alguna porción de carbohidratos de acción rápida para prevenir hipoglucemias en caso de que la comida vaya a tardar más de lo previsto, y ajusta las raciones posteriores.

Si, inevitablemente, vas a comer a deshoras, más tarde de la hora a la que comes normalmente, come una pieza de fruta a tu hora normal y ajusta el resto de raciones. También debes aprender a entender cómo funciona la insulina en tu cuerpo para poder ajustar la dosis, si la necesitaras, en caso de comer más tarde o en horarios distintos a los habituales. Para todo esto, siempre es necesario consultar a tu endocrino.

3. Escoge sin descuidar tu dieta

Que estés fuera de casa no significa que puedas comer lo que quieras sin más, porque corres el riesgo de tener hipoglucemias, hiperglucemias y otros desajustes importantes. Estamos hablando de tu salud.

Come la misma cantidad que comerías en casa. Es verdad que está muy feo dejarse comida en el plato, y que hay algunos restaurantes que sirven raciones muy abundantes, pero también es verdad que comer de más no te hará ningún bien. Si te sobra comida, puedes compartirla con algún otro comensal o pedir que te pongan lo que te ha sobrado para llevar (yo esto lo hago mucho en mi restaurante favorito, y los cocineros encantados porque tampoco les gusta tirar comida, y si me lo llevo es señal de que me ha gustado). Si ya de entrada ves que las raciones son muy grandes, contempla la opción de comer un solo plato o compartir algo con los demás – por ejemplo, compartir los entrantes y luego pedir un segundo para ti, en lugar de pedir un primero y un segundo.

Ojo con el pan y la sal. En los restaurantes es bastante habitual que te sirvan el pan antes de los platos, y mucha gente come por aburrimiento o para calmar el hambre antes de comer. Intenta no hacerlo, y preguntar si tienen pan integral. Si es blanco, controla bien las raciones. En el caso de la sal, recuerda que los platos ya están salados, y que no necesitan sal extra.

En cuanto al tipo de cocción de tu plato, evita siempre fritos y rebozados. En su lugar, escoge siempre formas asadas, al horno, a la plancha o al vapor, que son mucho más saludables. Por si no lo sabías, el “quemadito” de la comida, es azúcar.

Escoge platos sencillos. Sé que un lomo de buey al roquefort con foie, miel y salsa de frambuesa con lágrimas de unicornio suena muy apetecible, pero un filete de pollo a la plancha con ensalada es mucho más sano.

Cuidado también con las bebidas. Pide siempre agua o infusiones sin azúcar, evitando refrescos azucarados o bebidas con alcohol, como la cerveza o el vino dulce. ¿Y el típico chupito al acabar la comida? Mejor no.

Y llegó el postre, ¿ahora qué? El plato con más azúcar de la comida. Si no te van mucho los dulces, probablemente pidas un café y se solucione el tema. Si por el contrario eres goloso, sabrás que el momento de escoger el postre es un suplicio cuando tenemos diabetes. Intenta decantarte por las opciones más saludables de la carta, como un yogur o fruta del tiempo. Si te apetece muchísimo comer una porción de pastel (porque un día es un día), tenlo en cuenta a la hora de escoger el resto de la comida y ajusta las raciones de carbohidratos en consecuencia. Y como antes, también existe la opción de compartir un postre entre dos personas, así te quitas el gusanillo sin pasarte de más.

En el caso de que sea totalmente inevitable comer mal, controla todo lo que puedas:

  • En hamburguesas, escoge carne de pollo con ensalada en lugar de patatas fritas y evita las salsas. El kétchup es puro azúcar.
  • Si comes pizza, escoge alguna vegetal, sin embutidos ni muchos quesos, que tienen más grasas. Escoge el tamaño pequeño, y llévate lo que sobre.
  • En platos de pasta, busca opciones integrales y con verduras. Si estás en un restaurante italiano, muy probablemente haya más opciones además de la pasta, así que te lo puedes repensar.
  • Si vas de tapas, evita fritos como croquetas o patatas bravas, y en su lugar pide aceitunas o boquerones en vinagre.

Y por supuesto, recuerda que, si te saltas la dieta, deberás ajustar el resto de comidas.

4. Pide que adapten tu plato

En la mayoría de restaurantes decentes, podrás pedir algunos ajustes en tus platos para que se ciñan mejor a tu dieta. No tengas vergüenza de decir que tienes diabetes, tanto a los camareros como a los cocineros les ayudará a entender mejor tus necesidades, y al dueño del negocio le dará una pista sobre los clientes que van a su local y cómo ofrecerles lo mejor. A fin de cuentas, viven de que la gente vaya, así que seguro que estarán encantados de ayudarte.

Las guarniciones son lo más fácil de cambiar. Si pides un filete de pescado, acompáñalo de ensalada o verduras al vapor en lugar de patatas, fritas o no (el puré de patata también es puro carbohidrato). Evita también las salsas, sobre todo si son con queso, miel, kétchup…

Si no ves claro ningún plato, pregúntale al camarero si tienen algo fuera de menú, o si te pueden preparar, por ejemplo, unas verduras a la plancha.

De nuevo, que no te dé vergüenza pedir modificaciones, es algo normal y están súper acostumbrados. Yo además soy vegetariana y lo hago constantemente, porque si no no como, y no pasa nada. Gracias a que muchos vegetarianos se han quejado en los últimos años, cada vez hay más opciones de este tipo en los restaurantes. Pues con la diabetes pasará lo mismo, hay que hablar.

5. Consulta siempre con un profesional

Es normal tener dudas, y es mejor aceptarlo y darse cuenta antes de ir a comer fuera, que planteárselas en el restaurante, una vez ya estás sentado a la mesa.

Dado que estas situaciones sociales son la cosa más habitual del mundo, aprovecha tu próxima visita al endocrino para preguntarle cómo gestionarlas mejor, pedirle recomendaciones, saber cómo adaptar tu dieta al comer fuera, etc. Si lo considera necesario, también te recomendará la ayuda de un dietista-nutricionista, así que estarás en buenas manos.

Siempre debemos seguir las recomendaciones de nuestros profesionales, que son los que más saben sobre el tema y mejor conocen nuestro caso.

Espero que estas recomendaciones te sirvan a la hora de comer fuera, ¡y que lo disfrutes mucho!

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