5 hábitos saludables que no tienes por vagancia

Hoy tenemos con nosotros de nuevo a Noelia Herrero (Dulces Diabéticos), que nos va a dar un pequeño tirón de orejas a más de uno contándonos esos pequeños errores que cometemos muy a menudo las personas con diabetes.

Seguro que a menudo te encuentras con listados de hábitos saludables que deberías incorporar en tu vida diaria. Sabes que te hace falta, pero no lo haces. ¿Por qué?

En gran parte de los casos, no incorporamos hábitos de vida saludables por vagancia. Porque nos da pereza empezar. Porque “el lunes empiezo”.

En este artículo, te voy a mostrar 5 hábitos saludables que veo cuesta incorporar por vagancia, y cómo implementarlos de manera sencilla.

1. Eliminar los hidratos refinados

El primero de nuestros hábitos, y más aún en el caso de las personas con diabetes, es el de eliminar los hidratos de carbono refinados.

Todos sabemos que los hidratos de carbono hacen falta para vivir (son nuestro combustible y nos proporcionan energía), pero deberíamos escoger mejor cuáles ingerimos.

Los hidratos de carbono refinados, como por ejemplo los de cualquier alimento que lleve harina blanca, nos proporcionan una energía muy efímera, poco duradera, con un aporte nutricional mucho menor que los hidratos de carbono complejos, que nos aportan fibra, vitaminas y minerales muy necesarios en una dieta saludable. Además, la energía que nos proporcionan es más prolongada gracias al contenido en fibra, que hace que absorbamos los hidratos de carbono más lentamente (y por ende también evita picos de glucosa en sangre).

¿Y lo mejor? Que ni siquiera te estoy hablando de eliminarlos, ni reducirlos siquiera. Te estoy hablando de, en una primera fase, cambiar los unos por los otros. En lugar de pan blanco, pan integral. En lugar de pasta normal, pasta integral. En lugar de arroz blanco… ¿lo adivinas?

Por eso, es un hábito saludable que claramente no tienes por vagancia. Cuando ya hayas hecho el cambio y adoptes la costumbre (hábito) de consumir hidratos de carbono complejos, te será mucho más fácil controlar las cantidades que consumes, y reducirlas si es necesario.

Y por si hacía falta recalcar, sí, lo recalco… el azúcar es el peor de los hidratos de carbono refinados. Fuera.

2. Cocinar de manera saludable

Aquí es donde me vas a decir, “pero Noelia, es que no tengo tiempo de cocinar”. Pues te diré que no tiene nada que ver, y que puedes cocinar de manera saludable con muy poquito tiempo.

No se trata de hacer recetas elaboradas en tus comidas diarias, se trata de escoger formas de cocción más saludables. Por ejemplo:

  • Al horno
  • A la plancha
  • Al vapor

A veces tendemos a escoger formas no saludables porque nos parece que son más rápidas. Por ejemplo, metemos unas patatas en la freidora, porque es más cómodo, más rápido, más práctico. “¡Sólo ensucio la freidora!”. Pero podríamos estar haciéndolas al horno, sin aceite, de manera más sana, y ensuciando sólo una bandeja (que ni siquiera se ensucia si la forramos con papel vegetal). Y podríamos incluso cambiar las patatas por boniato, y hacerlo aún más saludable. ¿Fácil, no?

No cocinamos verduras porque “es que tengo que sacar la olla, esperar a que el agua hierva…”. ¿Y si te dijera que puedes hacer verduras al vapor en 5 min al microondas, ensuciando sólo un recipiente?

Al final, se trata de intentar comer lo que necesitamos (según nuestras necesidades nutricionales), cocinándolo de manera más sana. Y cuando hayas probado nuevos métodos de cocción, verás que la comida también queda rica, que no tardas más, y que te sientes mejor.

3. Practicar deporte con regularidad

Este es el hábito que más nos cuesta siempre, también por pura vagancia. ¿Por qué? Porque es la vagancia la que nos impide empezar. Y si no empezamos… pues difícilmente se convertirá nunca en un hábito.

Las necesidades en cuanto a deporte varían en función de cada persona y su grupo poblacional (niños, adultos, ancianos), pero tenemos claro que hacer deporte es un hábito de vida saludable que nos beneficia a todos.

¿Por qué no lo hacemos, entonces? Primero, por la pereza de empezar. “Y cuándo empiezo, y necesito comprarme ropa nueva, y qué pereza salir ahora con el frío que hace…”. Y todo esto, acaba siendo lo mismo: excusas.

Y segundo, porque un error que se comete muy a menudo con la práctica deportiva es el de querer abarcar más de lo que podemos. Decidir que vamos a salir a correr media hora cuando no hemos hecho deporte en años. Y salimos, volvemos agotados, y no repetimos ni aunque nos paguen. Por eso, lo que debemos hacer es empezar por evitar el sedentarismo. Por ejemplo, subir las escaleras siempre que haya la opción, caminar todos los días media hora, andar en lugar de coger el coche para trayectos cortos…

Una vez estemos más acostumbrados a movernos, nos será más fácil practicar cualquier tipo de deporte, por lo menos un par de veces por semana. Debemos hacerlo siempre piramidalmente, empezando por poca intensidad/duración, e ir incrementando poco a poco. Reducimos unos días, y volvemos a incrementar. Así, siempre estaremos mejorando, y cada vez podremos dar un poquito más de nosotros mismos con el mismo esfuerzo.

4. Cuidar de tu piel

La piel es el órgano más grande que tenemos, y no lo cuidamos porque muchas veces ni reparamos en él.

Tener una buena higiene, ducharse a diario con jabones suaves, lavarte la cara a conciencia por las mañanas, aplicar cremas hidratantes en la cara, usar protector solar a diario… Son pequeños gestos que nos ayudarán a vernos más jóvenes y sentirnos mejor, más saludables.

En el caso de personas con diabetes, además, una zona que debemos cuidar con especial atención son los pies. Un masaje al día, por ejemplo antes de dormir, con una buena crema hidratante, nos ayudará a mejorar la circulación, reducir callos y asperezas, y en muchos casos prevenir la aparición del pie diabético.

Además, debemos cuidar golpes y heridas en todo el cuerpo, aplicando los productos necesarios en cada caso (pomadas para contusiones, cremas cicatrizantes, etc).

5. Planificar

Y me vas a decir, ¿qué tiene que ver que yo me planifique con un hábito saludable? Pues tiene que ver, sí.

Tener las cosas claras nos ayuda a tener un mejor estado mental. Nos gusta tener el control de la situación, como es natural, y la planificación es la mejor manera de conseguirlo.

Piensa en todas las cosas que puedes planificar en tu vida diaria:

  • La limpieza de la casa
  • Los objetivos en tu trabajo (o en tu vida personal)
  • Tu horario (sueño, comidas, salidas…)
  • Los alimentos que necesitas comprar en el supermercado
  • Y un largo etcétera

Todas estas cosas se pueden planificar, es decir, se pueden pensar y decidir con antelación. Lo que conseguimos con eso es tenerlo todo más controlado y por tanto reducir el estrés asociado con el tener que hacer según qué tareas. Y ahí lo tienes, porque reducir el estrés es precisamente un hábito saludable.

Eso sí, tampoco te pases y vayas a estar ahora con un control excesivo y enfermizo de todo. Acuérdate de vivir en medio de todas esas tareas.

BONUS: Cómo implementar estos hábitos saludables

Ya, Noelia, pero si sé que no lo hago por vagancia… ¿cómo puedo implementar estos hábitos?

Por definición, un hábito es un mecanismo automatizado que facilita la ejecución de ciertos actos. Es decir, que empieza porque realizamos una acción, y se refuerza con la repetición.

 Levantarnos cada día a las 7 de la mañana es un hábito porque lo hacemos todos los días. Si tienes la costumbre de levantarte a las 9, y de repente tienes que levantarte a las 7, te costará. El primer día, te costará. El segundo también te costará, pero un poquito menos. Y cuando lleves 2 o 3 semanas, ya será un hábito y no te costará nada.

Lo mismo pasa con el resto de cosas. El primer día te costará, sí, y el segundo. Pero cuantas más veces los repitas, más fácil te resultará hacerlo. ¿Y sabes lo mejor de todo? Que adquirir hábitos saludables te hará sentir lleno/a de vida, más fuerte, con más energía, y de mejor humor. ¿No vale la pena? ;-)

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