Diabetes y la dieta asiática

Asia oriental se ha ido convirtiendo cada vez más en un destino habitual para nuestras vacaciones. El atractivo de países de culturas milenarias como Japón o China, o el encanto de la naturaleza y la forma de vida del sudeste asiático cada vez nos llaman con más fuerza.

Pero una cultura tan diferente supone también una dieta culinaria que tiene poco que ver con la nuestra. Por eso quizá te preguntes qué puedes comer allí y qué no. En este artículo vamos a darte algunas claves, aunque vaya por delante que la gastronomía de cada país es un mundo, y que abarcar tantas cocinas en un artículo tan breve es imposible.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que en general la gastronomía asiática es rica en hidratos. Pasta y arroz son básicos en prácticamente todos los países, por lo que los niveles de hidratos durante nuestro viaje van a ser altos. Debemos cargarnos de insulina, y recordar que en algunos países puede ser complicado encontrarla (o mantenerla en óptimas condiciones por el calor o la humedad). Un medidor continuo no es mala idea, ya que vamos a cambiar drásticamente nuestra dieta, además de estar expuestos a humedades altas en muchos casos, por no hablar del ejercicio habitual que supone un día de turismo.

Una cosa positiva del sudeste asiático es que los puestos de comida callejeros preparan los platos frente a ti, lo que puede ayudarte a estimar cuántos carbohidratos vas a consumir. Hay que tener en cuenta que estos platos ricos en carbohidratos van a ser digeridos de forma rápida, así que adelanta la insulina en consecuencia.

Ojo también al tipo de arroz. El que se usa en países como Japón o China tiene una carga glucémica mucho mayor que la del arroz basmati, característico de la India y que es bastante popular en nuestro país.

En muchas ocasiones el arroz se presenta como acompañante del plato, para que añadamos a nuestro gusto. Si vamos a añadir una cantidad pequeña, debemos tener en cuenta que la comida puede ser demasiado salada, ya que está pensada para ser mezclada generosamente. Así que evitemos añadirle más sal nosotros (por ejemplo, evitando en la misma medida la salsa de soja). O simplemente podemos pedir tofu o vegetales hervidos para sustituir el arroz como base.

En Japón, querremos probar sushi, claro. Pero quizá prefieras el sashimi (la loncha de pescado, sin el arroz). La experiencia será similar, y el nivel de carbohidratos mucho menor.

En el caso de los fideos, hay alternativas a los hechos con cereales o arroz, aunque su textura será muy diferente y será raro encontrarlos en la mayoría de sitios.

Las salsas suelen tener azúcar. No la tradicional de soja (aunque a veces incluso ésta puede tener azúcar añadido), pero sí la de los platos más contundentes.

Ojo a los postres.

La parte positiva: la fruta fresca es la reina. Habrá algunas que no conozcáis… pero vais a querer probarlas. En estos casos, informarse antes de ir, o utilizar Internet para obtener los datos es la opción más segura.

La negativa: que, si no queréis fruta, las probabilidades de que el postre tenga el azúcar como principal ingrediente son altas.

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