Tensión, hidratación… ¿cómo afecta la sal a la diabetes?

En nuestras recetas y otros posts sobre alimentación de este blog ya os hemos hablado alguna vez de que no es recomendable abusar de la sal en las comidas, especialmente si tienes diabetes. Pero quizá alguno de vosotros se pregunte el motivo.

El mayor problema de tomar demasiada sal es la deshidratación. El sodio absorbe el agua dentro de nuestro organismo, lo que provoca un aumento de la presión sanguínea. Como sabemos, la diabetes ya es por sí un factor que puede provocar hipertensión, por lo que la sal potencia este problema, que puede agravar varias consecuencias de la diabetes, especialmente las nefropatías. Además, esta deshidratación aumenta los niveles de glucosa en sangre, por lo que el efecto negativo es doble.

Además, de forma genérica, al aumentar la presión sanguínea se realiza un mayor esfuerzo cardiovascular, con lo que aumentan también los riesgos de cardiopatías hasta el doble. Los riñones también sufren debido a la deshidratación.

¿Cuánta sal debemos tomar al día?

La OMS recomienda aproximadamente un gramo y medio de sodio al día. Apenas una pizca. Para que nos hagamos una idea, una cucharada sopera de sal, rasa, contiene unos 20 gramos, más de 12 veces la cantidad recomendada.

El verdadero problema viene cuando revisamos las etiquetas de los alimentos, y comprobamos la cantidad de sodio que podemos encontrar en su composición. Según la OMS, un adulto medio toma unas 10 veces la cantidad recomendable de sodio diaria. Y no hablamos de algo puntual, o que se repita unas veces a lo largo del año. Se trata de un maltrato diario a nuestro organismo, que a la larga nos acaba pasando factura.

Productos como las comidas procesadas, quesos, carnes curadas… tienen un alto contenido en sal. Pero no queda ahí la cosa, otros productos que no nos esperamos, como los pescados ahumados, las verduras enlatadas… también pueden sumar más sodio del que probablemente pienses. ¡Incluso el agua mineral puede aportar más sodio a tu dieta!

Así que recordad: hay que revisar siempre la información nutricional de los productos que compramos. Y no sólo fijarnos en los hidratos de carbono. Otros elementos como la sal, las grasas… también afectan a nuestra salud, y debemos mantenerlos bajo control.

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