Mi hijo/a tiene diabetes: primeros consejos para padres

Muchos padres reciben con miedo la noticia de que sus hijos/as tienen diabetes. Es normal preocuparse, especialmente cuando la información que tienen sobre la enfermedad es escasa. Surgen las clásicas dudas sobre si sus pequeños/as podrán llevar una vida normal, o si será la puerta a peores problemas de salud.

Lo primero que debes saber si han diagnosticado diabetes a un niño/a es que va a poder llevar una vida normal, sin límites para lo que se proponga. Y eso es algo que, además, es importante transmitir a esa pequeña persona, para que en ningún momento se sienta inferior a sus amigos o compañeros de clase. El miedo, la ansiedad, incluso el sentimiento de culpa… son comunes cuando se realiza el diagnóstico, pero es positivo desecharlos y combatirlos cuanto antes.

Una vez perdido el miedo, el segundo consejo es igualmente importante: informarse sobre la enfermedad. Para eso contaremos con la ayuda de los profesionales de la salud. Esa información nos ayudará a cuidar mejor de nuestros hijos, desechar mitos, y sentirnos más seguros. Esa información hay que irla compartiendo con el niño o la niña, de una forma progresiva y acorde a su edad, para que poco a poco vaya tomando responsabilidad de su autocuidado, y para que aprenda a conocer y evitar los riesgos de la enfermedad.

Y es que la comunicación es importante. No ya sólo para transmitir esa información, también para que el niño libere sus miedos, o los miembros de la familia se encuentren más compenetrados a la hora de ayudar al control de la diabetes.

Hay aspectos positivos que pueden ayudar a ver la enfermedad de otro modo: al cuidar la dieta y favorecer la práctica de ejercicio, todos los miembros de la familia van a concienciarse de que es muy fácil (¡y positivo!) llevar una vida más saludable.

En el colegio es importante que sepan la condición del niño. Primero, para que estén alerta y sepan cómo reaccionar en caso de hipoglucemia o similar. Segundo, para que le permitan beber agua o ir al baño a realizarse un control. Tercero, para ayudarle a protegerse de las posibles burlas que puedan sufrir por parte de algún compañero. Es importante normalizar la enfermedad no sólo para el niño que la padece, sino también para los que no. Un niño nunca debería sentirse avergonzado de tener diabetes, y para ello la educación tiene un papel clave.

En casa también debemos trabajar esa confianza. Los pequeños nunca deben sentirse inferiores por tener diabetes. Debemos apoyarles, hacerles ver que pueden cumplir cualquier objetivo que se pongan, y procurar que hagan cosas que les motiven y les vayan haciendo sentirse seguros.

Cualquier niño/a merece y necesita sentirse especial. ¡Pero no por tener diabetes!

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