Hacer deporte con bomba de insulina

Junto al medidor continuo de glucosa, la bomba de insulina es uno de los inventos que ha cambiado radicalmente la vida con diabetes.

Por si hay algún despistado por aquí, diremos que se trata de lo que podríamos llamar un “páncreas artificial”, que administra insulina a nuestro organismo durante las 24 horas al día, liberando automáticamente pequeñas cantidades de insulina de acción rápida, en décimas o centésimas de unidad, cada pocos minutos. Es lo que se denomina infusión basal. Con la infusión basal se cubren las necesidades de insulina entre las comidas, y durante el sueño para mantener constante el nivel de glucosa en sangre además de asistir a otras funciones fisiológicas. En casos concretos la infusión basal puede modificarse temporalmente para por ejemplo cubrir un ejercicio físico no programado o superar una enfermedad intercurrente.

Al ingerir alimentos, el usuario tendrá que suministrarse bolos de insulina. El bolo es la cantidad de insulina necesaria para metabolizar los carbohidratos ingeridos. También puede utilizarse un bolo para corregir puntualmente una glucosa elevada.

Claro, aquellas personas que no la usan pueden preguntarse cómo podrán realizar algunas actividades como el deporte cuando tienen una “caja” pegada a su cuerpo. La respuesta es clara: se puede. Al principio se notará el cambio, pero en cuestión de tiempo (¿cuánto? Ese depende de cada persona) estaremos acostumbrados a entrenar con ella.

Hay excepciones, claro. Nadar y llevar un aparato electrónico es algo incompatible, y tampoco es recomendable llevarla cuando realizamos deportes de contacto, para evitar que el tubo se enganche o un golpe le cause daños. Pero se trata de excepciones inevitables, de puro sentido común.

El primer consejo a la hora de combinar bomba de insulina y deporte es reducir la tasa basal de la primera, habitualmente un par de horas antes de comenzar el ejercicio. Lo mejor, especialmente si tienes poca experiencia, es consultarlo primero con tu médico, para que te ofrezca unas pautas.

Es recomendable probar primero con ejercicios de poca intensidad, e ir incrementando la misma a medida que vayamos conociendo cómo reacciona nuestro cuerpo y dominando las medidas.

Los descensos de la tasa basal serán mayores mientras mayor sea la duración e intensidad del ejercicio. Pero éstos también los iremos ajustando poco a poco, porque por lo general vamos a preferir intentar corregir leves hiperglucemias en lugar de situarnos en riesgo de hipoglucemia. Además, a medida que nuestro cuerpo esté más en forma necesitará por lo general menos dosis de insulina, por lo que el proceso está siempre en contínua mejora.

Para evitar estas hiperglucemias, es importante medir siempre nuestros niveles de glucosa antes de comenzar la actividad, y posponerla si son demasiado altos o bajos. Lo ideal es que estemos entre 150 y 250 mg/dl. Aunque esta cifra puede variar según la persona y la actividad que vayamos a realizar.

¿Y durante el entrenamiento? llevar la bomba encima puede necesitar de un período de adaptación, hasta que encontremos la forma que nos resulte más cómoda de llevarla. Para ello hay cinturones elásticos, ropa con bolsillos especiales, y otros accesorios de sujección que nos ayudarán. Es cuestión de probar lugares y formas y quedarnos con lo que mejor nos funcione. A cambio, podremos subir/bajar/parar las basales mientras entrenamos en sesiones largas, especialmente si la combinamos con un MCG. Adaptaciones que difícilmente se podrían hacer con inyecciones de insulina.

En resumen, las primeras semanas supondrán la inevitable adaptación, pero después seguro que vuestros entrenamientos serán más seguros gracias a utilizar la tecnología de la que disponemos para controlar mejor nuestra diabetes.

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