El ejercicio: la medicina más sana para la diabetes

Ya os hemos dado en este blog algunas pautas para hacer deporte, pero nunca habíamos incidido en los motivos de la importancia de la práctica de ejercicio cuando tienes diabetes.

Y es algo que no podemos dejar pasar, porque como vamos a ver, el ejercicio es todo un aliado natural que nos ayudará a mantener la diabetes bajo control, y a minimizar sus efectos.

Durante muchos años se recomendó a las personas con diabetes que no practicasen ejercicio, debido al riesgo de hipoglucemia a corto plazo que éste provocaba. Por suerte, los estudios avanzan, y hoy sabemos que el ejercicio es, a largo plazo, una de las mejores herramientas para controlar los niveles de glucosa.

Cuando activamos nuestro cuerpo se activa un transportador llamado Glut4. Esta enzima se encarga de transportar la glucosa al músculo sin necesidad de que haya tanta presencia de insulina. Y si el ejercicio se realiza con la intensidad y regularidad adecuadas, esta enzima permanece activa durante un mayor tiempo. De este modo, el ejercicio elimina la necesidad de insulina, además de aumentar la sensibilidad a la misma.

Además, el aumento de masa muscular aumenta la tasa metabólica, mejorando el metabolismo de la glucosa ya que aumenta el consumo de la misma. Por eso hay que tener especial cuidado con las hipoglucemias cuando practicamos ejercicio, y durante las horas posteriores al mismo. Un control estrecho de la glucosa nos irá mostrando cómo responde nuestro cuerpo al ejercicio, para que adaptemos el uso de insulina y el consumo de hidratos antes y después del mismo.

Glucosa aparte, el ejercicio ayuda a mejorar muchas partes de nuestro organismo que la diabetes pone en riesgo: desde el sistema cardiovascular al circulatorio, regula la presión arterial, disminuye el perfil de grasas en nuestro organismo… incluso mejora nuestro ánimo reduciendo la ansiedad y el estrés.

¡Ojo! La intensidad y la duración del ejercicio deben adaptarse siempre a las condiciones físicas y de salud de cada persona. Hay que empezar poco a poco, e ir incrementando lentamente la intensidad cada día, a medida que vayamos sintiendo que podemos.

Tampoco hay que olvidar medir nuestra glucosa antes y después de hacer ejercicio, desestimando su práctica el día que no nos encontremos dentro de un rango recomendable.

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