¿Cómo preparo el ejercicio si tengo diabetes?

Hay una serie de consejos que seguramente conocéis cuando vamos a realizar ejercicio. Calentamientos y estiramientos para evitar lesiones, no hacerlo en plena digestión para evitar problemas digestivos, tener un buen descanso y alimentación para afrontar el esfuerzo… pero ¿y si además tienes diabetes? En ese caso, debemos tener en cuenta unas consideraciones previas antes de echar a correr o subirnos a la bicicleta.

Lo primero, ¿debemos hacer ejercicio? Por norma general es muy recomendable, pero en algunos casos el remedio puede ser peor que la enfermedad. Debemos consultarlo con el médico si sufrimos cetosis o cetoacidosis, si nuestras hipoglucemias son recurrentes, o si tenemos problemas cardiovasculares. También si sufrimos de retinopatía, neuropatía, nefropatía o hipertensión.

Si no es el caso, o ya lo hemos consultado con el médico, el siguiente paso es medir nuestros niveles de azúcar en sangre. Si estamos cerca de la hiperglucemia (más de 250 mg/dl), lo mejor es posponerlo y dedicarnos a recuperar unos niveles normales.

Por contra, si están algo bajos, por debajo de 100 mg/dl, es recomendable subirlos con algunos hidratos de acción rápida (zumo, galletas, bebidas energéticas…), ya que durante el ejercicio van a disminuir los niveles de glucosa y podríamos entrar en riesgo de hipoglucemias.

Lo ideal es comenzar el ejercicio estando entre 100 y 150 mg/dl.

Debemos tener preparado nuestro kit, en el que habremos incluído “provisiones”. Recordad que cada hora de ejercicio deberemos tomar entre 10 y 50 gramos de hidratos, según  estemos realizando un ejercicio ligero como andar, o uno más duro como carreras de velocidad. Todo eso debe de estar preparado junto a líquidos para hidratarnos, barritas y geles que podamos tomar en caso de hipoglucemia…

La hidratación debemos realizarla durante todo el día, por norma general, pero especialmente en las dos horas previas al esfuerzo.

Ya que hablamos del kit, recordad que la equipación deportiva también debe ser adecuada, para evitar rozaduras, cortes u otro tipo de heridas.

Si nos inyectamos insulina, no debemos hacerlo en las zonas del cuerpo con las que vayamos a realizar el esfuerzo. También es recomendable, ya que la glucosa va a bajar, que la dosis de insulina sea más reducida, y que evitemos el esfuerzo en esos momentos en los que nos hace más efecto.

Para que nuestro cuerpo se adapte al esfuerzo, es recomendable que hagamos siempre ejercicio a la misma hora del día, y mejor si es por la mañana. También que repartamos la carga en al menos 3 días por semana, y que la aumentemos poco a poco.

Así no sólo minimizamos cualquier impacto negativo, también aprendemos poco a poco a entender cómo reacciona nuestro cuerpo al ejercicio, para ir realizando los ajustes que necesitemos.

Por último, evitad el ejercicio en momentos de excesivo frío, calor o humedad. Si son factores habituales allá donde residís, intentad cambiar el horario y salir en el momento del día en el que estén minimizados.

¿Ya lo habéis hecho todo? ¡Pues estáis listos para hacerle un favor a vuestro cuerpo, adelante!

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