¿Cómo deben ser mis zapatos si tengo diabetes?

La diabetes, especialmente si no se controla bien, puede derivar en muchas complicaciones. Una de las más comunes es el daño que reciben nervios y capilares, especialmente los de los pies, una zona propensa de por sí a sufrir problemas derivados de una mala circulación.

Por eso, usar el calzado adecuado es importante para las personas con diabetes, especialmente si ya tienen algún primer síntoma o problema, desde un callo a una uña enquistada, para evitar que empeoren y favorecer el tratamiento del podólogo para eliminarlo.

El primer consejo es que el zapato sea de nuestra talla. No importa lo bien que nos quede, o lo que costase. Si el zapato nos está pequeño u holgado, nos acabará provocando lesiones que queremos evitar. Debemos buscar un calzado cómodo y adaptado a nuestro pie.

Un estudio de la Universidad de Dundee (Reino Unido) desveló en su momento que 6 de cada 10 personas con diabetes no usaban la talla correcta. ¡No podemos caer en ese error!

La punta de los zapatos debe ser amplia, para no presionar los dedos. Lo mismo ocurre con los tacones altos, que ejercen demasiada presión en la parte delantera de la planta del pie favoreciendo la aparición de callos (y de problemas de espalda, pero eso es ya otra historia).

Ojo con las sandalias y demás calzado abierto. No es raro que para mantenerlos calzados ejerzan demasiada presión en las correas, además de que al ser abiertos protegen menos el pie, haciéndolo más vulnerable a cortes, golpes…

Por contra, en zapato cerrado los cordones sí son una ayuda, ya que permiten ajustar mejor el zapato sin que se mueva, sin necesidad de ejercer presión innecesaria.

En cuanto a materiales, es importante que permita la transpiración del pie. Muchas piezas de calzado deportivo están diseñadas para ello. En zapatos más formales, el cuero suele ser una buena opción.

Es importante también cambiar de zapatos cada día. Esto permite por una parte que el zapato se airee, perdiendo humedad y reduciendo riesgo de aparición de hongos. Por otro lado, al usar distinto calzado la planta no sufre siempre roce o presión en los mismos sitios, dando un mayor descanso al pie.

Para los casos en los que la neuropatía ya es avanzada hay zapatos especiales, diseñados para reducir los riesgos de úlceras y demás problemas.

Para terminar, revisa tus pies cada vez que te quites los zapatos, para asegurarte de que no tienes ningún tipo de herida que pueda pasar desapercibida porque no notes el dolor, o aún no haya dado su peor cara. ¡Una rojez en el talón puede significar que una úlcera está en camino si sigues usando esos zapatos!

Y, por supuesto, nunca debemos ir descalzos, ni siquiera por unos metros o segundos. Y mucho menos en la playa o la piscina. Es innecesario correr el riesgo  de pisar algo que nos pueda dañar y  que no cuesta ningún esfuerzo evitar.

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